Obesidad Infantil. Incidencia entre los hispanos.

La obesidad entre los niños hispanosObesidad Infantil

La obesidad infantil representa uno de los problemas de salud más grandes del país particularmente para los hispanos.

Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades el 20 por ciento de niños hispanos entre los 12 y 19 años padece de obesidad. En contraste el 18 por ciento de todos los niños entre los 12 y 19 años padece de obesidad.

“Podríamos decir que es el principal problema de nuestra comunidad”

Uno de cada cuatro niños hispanos tiene sobrepeso en Estados Unidos. De hecho, los niños latinos entre 6 y 11 años son los que más sobrepeso tienen de todo el país. Se trata de una situación preocupante de la que hay que tomar conciencia lo más pronto posible para aplicar las medidas adecuadas ya que las consecuencias de la obesidad infantil pueden ser muy serias para el desarrollo de un niño.

Causas de la obesidad infantil entre los niños latinos

El hecho de que nuestros niños sean los que más sobrepeso tienen se debe a una serie de factores. Algunos se pueden cambiar y otros no, pero es importante ser conscientes de la causa para poder actuar en consecuencia.

Factores culturales. Nuestras tradiciones y nuestra cultura tienen una gran relevancia la forma en la que actuamos con nuestros hijos y, es común que pueda tener más credibilidad lo que dice la abuelita que ha criado a cinco hijos que lo que pueda decir el pediatra. Una de las creencias que más arraigada está es que los bebés gorditos son bebés saludables. Es cierto que en situaciones de hambruna los niños con cierto peso salen mejor adelante que los que no tienen un peso adecuado, pero en una casa en la que haya comida disponible esto no es así. Es más, hay estudios que demuestran que los niños obesos tienen problemas con su sistema de defensas.

Factores genéticos. No toda la culpa está en lo que comen nuestros niños. Existe una tendencia a la obesidad entre los hijos de padres obesos y, desafortunadamente, los índices de obesidad entre los adultos latinos también son muy altos. Si tanto el papá como la mamá son obesos, las posibilidades de que su hijo sea obeso se duplican. Además, entre la población latina existe mucha más tendencia a padecer diabetes, así como diabetes del embarazo.

Factores sociales. A los dos problemas anteriores se une uno muy real que afecta a casi la mitad de la población hispana en Estados Unidos: Muchos de nosotros no contamos con un seguro médico. Eso significa que los niños no tienen un seguimiento y no se puede prevenir, detectar a tiempo y tratar la obesidad infantil.

La percepción de la obesidad entre los padres latinos

Para un buen número de papás y mamás el hecho de que su hijo presente sobrepeso siendo un bebé y en sus primeros años de vida no representa un gran motivo de preocupación, más bien al contrario: es un motivo de orgullo porque parece que el niño está “bien criado” y atendido.

De hecho hay un curioso estudio realizado en Miami en el que se comprobó que la percepción de la obesidad entre los papás latinos era diferente a la de los padres de otros grupos étnicos. La mayoría de los participantes indicó que sus hijos, de hasta tres años, no tenían sobrepeso, cuando en realidad sí que lo tenían.

El problema que presenta no percibir a un niño como con sobrepeso u obeso es que no se toman las medidas necesarias para empezar a corregir el problema. Cuando un problema de obesidad está establecido resulta muy difícil poder controlarlo. El mejor tratamiento, sin duda alguna, es la prevención.

Consecuencias de la obesidad infantil

La obesidad infantil es un problema bastante serio que está afectando en especial a los niños latinos. Las consecuencias de la obesidad en los niños van mucho más allá de un problema “estético”.

La obesidad infantil es un problema bastante serio que está afectando en especial a los niños latinos. Las consecuencias de la obesidad en los niños van mucho más allá de un problema “estético”. Hay ciertas enfermedades de adultos, algunas de ellas irreversibles, que ya están padeciendo los niños a consecuencia de esta enfermedad.

Consecuencias para la salud física de un niño

Debido a la epidemia de obesidad que está afectando a Estados Unidos, seguramente habrá oído hablar de las graves consecuencias para la salud de los adultos: desde diabetes, hasta riesgo de un ataque al corazón o problemas en las articulaciones.

Sin embargo, lo que ha sorprendido a los investigadores en el campo de la obesidad infantil es que muchos niños están también sufriendo este tipo de trastornos. Hay niños con diabetes, con problemas en las articulaciones y con un nivel de colesterol muy alto.

Estos son algunos de los problemas más comunes entre los niños latinos obesos:

Resistencia a la insulina. La insulina es una hormona que segrega el páncreas y que actúa como una llave que permite abrir una puerta en las células para que asimilen la glucosa procedente de los alimentos (la comida de las células). Al no poder entrar, la glucosa se queda en la sangre produciendo diabetes. Cuando hay resistencia a la insulina las células no responden a la insulina. El páncreas produce más y más en un intento de que el proceso funcione. Al cabo de los años el páncreas empieza deteriorarse por este sobre esfuerzo.

Síndrome metabólico. Este síndrome es un conjunto de síntomas como obesidad abdominal, bajo colesterol HDL, hipertensión, que crea mucho más riesgo de desarrollar enfermedades del corazón a los niños obesos que lo padecen. Nueve de cada diez niños latinos con padres, abuelos o hermanos con diabetes tienen al menos uno de los síntomas que componen el síndrome metabólico.

Diabetes del tipo 2. Este tipo de diabetes aparece a consecuencia de la obesidad. Los niños latinos están desproporcionadamente afectados por esta enfermedad debido a la tendencia genética a la diabetes y al alto grado de obesidad que existe entre ellos.

Otros síntomas físicos son la apnea, o dificultad para respirar durante el sueño, anormalidades en el periodo menstrual en las niñas o problemas ortopédicos debido al exceso de peso en las articulaciones.

Consecuencias para la salud mental de un niño

La obesidad no se acepta socialmente, pero si el que la sufre es un niño que está empezando a desarrollar su autoestima, las consecuencias psicológicas son importantes.

Está demostrado que los niños obesos tienen menos autoestima, o a la forma en la que una persona se aprecia a sí misma. Las niñas latinas obesas en general tiene menos autoestima y los adolescentes con estos problemas tienden a aislarse, fumar, beber alcohol y otros comportamientos no deseables. La tristeza y la soledad que producen en los niños la falta de aceptación por parte de sus compañeros, puede llevar a muchos a la depresión mental, con los riesgos para la salud que esto conlleva.

Si su hijo está teniendo un problema de aceptación en la escuela, tómelo en serio, no le diga “Ya pasará”. Obtenga ayuda psicológica si es necesario porque el desarrollo que tenga ahora de su autoestima le puede afectar durante toda la vida.

La obesidad en los niños no es un problema que aparezca de la noche a la mañana, es algo que se desarrolla a través de los años. Observe a su hijo y los cambios físicos por los que está pasando e intervenga llevándolo al pediatra o a una nutricionista antes de que el problema de la obesidad se instale.

No es lo mismo que estas enfermedades aparezcan cuando un adulto tiene la vida encaminada, que cuando un niño está empezando a vivir.

Cómo prevenir la obesidad infantil

El primer paso para prevenir la obesidad infantil es tomar conciencia de que se trata de un problema serio que está afectando especialmente a los niños latinos. Es importante que conozca las consecuencias de la obesidad en el futuro de su hijo…

El primer paso para prevenir la obesidad infantil es tomar conciencia de que se trata de un problema serio que está afectando especialmente a los niños latinos. Es importante que conozca las consecuencias de la obesidad en el futuro de su hijo y que actúe antes de que el problema se instale, porque entonces será mucho más difícil de tratar.

La prevención comienza en el embarazo

Aunque le pueda parecer sorprendente, hay estudios que demuestran que la alimentación y el peso de la madre durante el embarazo pueden afectar al desarrollo de la obesidad en su hijo en el futuro. Esto es especialmente cierto en las madres que padecen diabetes y diabetes del embarazo y las latinas estamos entre las mujeres que más riesgo tienen de desarrollar esta enfermedad.

Iniciar el embarazo con un peso adecuado y llevar una dieta sana durante ese tiempo ayudará a evitar que su bebé nazca ya con un exceso de peso. El mito de que hay que comer por dos durante el embarazo, hace tiempo que se desechó.

La lactancia y los cereales

La leche materna es el mejor alimento que le puede dar a su bebé desde que nace. Además de que hay estudios que demuestran que previene la obesidad, amamantar tiene muchos más beneficios para la salud de su hijo, como protegerlo de infecciones, diarreas y otros problemas.

Sin embargo, debido a que la leche materna no se puede medir como se mide la fórmula en una mamadera, algunas madres se suelen angustiar pensando que no tienen suficiente leche o que su hijo no está comiendo lo suficiente.

Antes de empezar a darle leche de fórmula a su bebé o cereales añadidos a la leche (que no se recomiendan hasta después de los 4 a 6 meses) debe consultar con su pediatra. Si su bebé se está desarrollando adecuadamente, no hay motivo por el que preocuparse.

Recuerde que añadir cereales a la mamadera, además de poder producir alergias en el futuro, constituye una gran fuente de calorías para el niño. Si le es posible, mantenga la lactancia materna hasta el año, según recomienda la Academia de Pediatría Americana y más si le es posible.

La alimentación en casa

Una dieta sana para un niño debe incluir cinco porciones de niño, de frutas y vegetales diariamente, además de granos, cereales, carnes magras y pescados y productos lácteos (así como unas pequeñas porciones de grasas saludables).

Sin embargo, intentar que los niños lleven esta alimentación mientras usted se sirve en la mesa otro tipo de comidas, no tiene mucho sentido. Para prevenir la obesidad es necesario que exista una conciencia en su familia de lo que significa comer sano y estar saludable.

Algo que es muy importante es que se centre siempre en la salud, no en la estética. Es decir, las cosas son saludables o no son saludables pero no “engordan” o “no engordan”. Este tipo de pensamiento puede ser el inicio de los trastornos en la alimentación.

Y en general, manténgase alerta ante los cambios en el peso y la alimentación de su hijo para poder recurrir a la ayuda de una nutricionista o su pediatra en caso necesario.

Alimentación sana en los niños

Una alimentación sana en los niños es una alimentación variada que contenga todos los nutrientes que necesitan para crecer y desarrollarse. Esto suele ser más fácil de decir que de hacer, porque los niños, especialmente los de menos edad, a menudo no colaboran con nuestros deseos de que “coman bien”.

Una alimentación sana en los niños es una alimentación variada que contenga todos los nutrientes que necesitan para crecer y desarrollarse. Esto suele ser más fácil de decir que de hacer, porque los niños, especialmente los de menos edad, a menudo no colaboran con nuestros deseos de que “coman bien”. Pero hay algunas estrategias que le pueden ayudar.

Las bases de una alimentación saludable

Establecer en su familia una forma de comer saludable es una de las mejores cosas que puede hacer por el futuro de sus hijos. Si consigue desarrollar desde bien temprano una aceptación por las frutas, verduras, granos integrales, legumbres, carnes magras y pescados y productos lácteos, tendrá el 80 por ciento de la batalla ganada.

Estos alimentos deben ser la base de sus comidas. Los alimentos precocinados, dulces, sodas azucaradas y demás también se pueden comer, pero es importante que sus hijos comprendan que eso es una excepción que se hace en celebraciones, días festivos o cuando la familia sale a comer o cenar fuera. Si su hijo ve que usted se alimenta de forma saludable de forma habitual, más tarde o más temprano intentará hacer lo mismo.

Una estrategia para cada edad

En los primeros meses, ofrézcale a su bebé alimentos en purés y gradualmente vaya introduciéndolos en pedacitos que pueda masticar sin atragantarse. Pero aunque rechace múltiples veces esos alimentos, siga ofreciéndoselos. Hay estudios que demuestran que un niño rechaza hasta ocho veces un alimento antes de probarlo (como la historia de “Green Ham and Eggs” del Dr. Seuss).

Con niños más mayores, haga que participen en el proceso de crear comidas para la familia. Llévelo con usted al supermercado para que elija frutas y vegetales que le gustaría comer, y cocinen juntos algunos platillos. Déjele incluso que se invente él algunos. Esta forma de participar hará mucho más posible que esté dispuesto a probar ciertos alimentos.

Para todas las edades

No importa la edad que tenga su hijo, elimine las sodas de su casa. Haga que el tomar soda o dulces sea algo reservado para las ocasiones especiales. En cada soda azucarada hay de 10 a 12 cucharaditas de azúcar, que se van multiplicando con cada una que toma. Intente evitar también el uso de jugos empacados, especialmente de aquellos con un alto contenido en azúcar. En vez de esto, use jugos naturales.

Si hay una comida al día en la que tiene que ser insistente, esa es el desayuno. Su hijo obtendrá muchos beneficios nutricionales por desayunar bien y mejorará su rendimiento escolar sustancialmente. Si además le empaca una pequeña botana saludable para media mañana, como una pieza de fruta o un sándwich integral, le estará dando los nutrientes y la energía que necesita para rendir de forma óptima en la escuela.

Y ante todo, mantenga la paciencia y el buen humor. Piense que enseñar a comer es otra tarea educativa como enseñarles a ir al baño solitos o a escribir las letras. No haga de las comidas una batalla y utilice la diversión lo más posible para que sus comidas en familia sean algo agradable en lo que sus hijos quieran participar cada día.

Qué hacer cuando hay un niño obeso en casa

La obesidad infantil es un problema que está especialmente extendido entre la población latina. Pero a pesar de ser un problema de salud sobre el que hay que actuar lo antes posible, la obesidad en los niños no se puede tratar de la misma forma que se trata la obesidad de un adulto…

La obesidad infantil es un problema que está especialmente extendido entre la población latina. Pero a pesar de ser un problema de salud sobre el que hay que actuar lo antes posible, la obesidad en los niños no se puede tratar de la misma forma que se trata la obesidad de un adulto puesto que los niños se encuentran en una etapa de crecimiento.

Precaución con las dietas

La obesidad de un niño es algo que se desarrolla a lo largo del tiempo. Sin embargo cuando los niños obesos empiezan a ir a la escuela, y comienzan a ser el objeto de las burlas de sus compañeros, suele ser el momento en el que muchas familias deciden actuar sobre el problema.

La primera reacción de los padres preocupados es poner a su hijo “a dieta” o restringir la cantidad de comida a la que tiene acceso. Este método presenta problemas por varias razones. Por una parte los niños están en una etapa de crecimiento y para seguir desarrollándose necesitan contar con una serie de nutrientes esenciales que les aportan ciertos alimentos. Por otro lado, poner a un niño “a dieta” con menos comida, o con una comida diferente a la del resto de la familia, no suele dar mucho resultado porque les crea más ansiedad y destaca aún más su problema.

Si considera que su hijo está obeso lo más recomendable es acudir primero a su doctor para ver en qué estado de salud se encuentra y si ha empezado a desarrollar alguna enfermedad relacionada con su sobrepeso. En caso de que su pediatra no le pueda ofrecer un asesoramiento nutricional completo, como por ejemplo crear una estrategia para mejorar la alimentación de su hijo, pídale una referencia a una nutricionista que podrá trabajar más directamente con usted para obtener resultados.

La obesidad infantil es un asunto familiar

Es difícil cambiar los hábitos de alimentación una vez que se han establecido durante años, y es más difícil todavía cambiarlos en solitario. Por eso si quiere que los cambios que tenga que realizar su hijo en su alimentación sean efectivos, debe tomarse el problema como un asunto de familia. Después de todo, mejorar su dieta también beneficiará al resto de los miembros de su familia.

Idealmente, la forma de tratar un problema de obesidad infantil no es poner al niño a dieta, sino mantener el peso con una alimentación saludable a la espera de que en su próximo “estirón” se vayan equilibrando el peso y la altura.

Para iniciar una forma efectiva de comer más saludable en su familia hágalo en pasos graduales. Elimine las comidas problemáticas primero, como los dulces, sodas azucaradas, cereales con mucho azúcar y vaya haciendo una transición a productos más sanos. Empiece a cocinar de una forma diferente al vapor o a la plancha para eliminar grasas e introduzca poco a poco más frutas y verduras.

Esta aproximación le resultará más efectiva que empezar abruptamente a “comer diferente” porque esto podría producir rechazo en todos. Es mucho más efectivo introducir un pequeño cambio saludable al mes, pero que definitivamente sea adoptado como un hábito, que empezar de forma muy aparatosa una “nueva forma de comer” para volver a las antiguas costumbres en un mes.

Haga que su hijo participe en el proceso de adaptación

Si su hijo es parte de las decisiones que se tomen para que sus comidas y su forma de vida sea más saludable, le resultará más fácil aceptarlas porque no las verá como una imposición.

Llévelo con usted al supermercado, cocinen juntos, sirvan la mesa juntos, hablen de los alimentos y de los beneficios de comer más saludable. No enfoque el problema como un exceso de peso, ni se enfoque en las comidas que “engordan” o “no engordan” porque esto puede ser el inicio de los trastornos de la alimentación. Hable de alimentos y costumbres saludables, o no tan saludables.

Y trabaje también con su hijo para que introduzca el ejercicio en su vida, tanto de forma individual, como en familia. Los resultados de estos cambios le alentarán a seguir adelante ya que educar a su hijo para vivir de una forma saludable es una de las mejores cosas que puede hacer por él.

Ejercicio para niñosEjercicios

Tanto si su hijo presenta un problema de obesidad, como si se encuentra en su peso deseado, el ejercicio es una de las mejores actividades que puede hacer para ayudar a su desarrollo óptimo y a mantenerse en forma.

Tanto si su hijo presenta un problema de obesidad, como si se encuentra en su peso deseado, el ejercicio es una de las mejores actividades que puede hacer para ayudar a su desarrollo óptimo y a mantenerse en forma. Anime a su hijo a practicar actividades deportivas y, mejor aún, diviértanse juntos como familia practicándolas.

Ejercicio para todos

El ejercicio es una forma eficaz para que su hijo mantenga un peso saludable mientras se desarrolla. Sin embargo, el gusto por la actividad física, al igual que los hábitos de alimentación es algo que se aprende. Si sus actividades familiares generalmente giran alrededor de la televisión quizás su hijo no tenga tanta afición a hacer ejercicio como a usted le gustaría.

Hacer ejercicio no significa que su hijo tenga que acudir a un gimnasio asiduamente o a dar clases de natación (aunque si esto le gusta es fantástico). Jugar activamente puede ayudarle a quemar calorías de igual forma. Si además se apunta a algún equipo local para practicar un deporte, los beneficios serán mayores.

Pero el lugar fundamental donde su hijo va a aprender sobre la actividad física es en su familia. Practicar actividades al aire libre con sus hijos de forma habitual los fines de semana o caminar diariamente por el parque o por su vecindario con ustedes le mostrará que hacer ejercicio es agradable. Es un momento relajado en el que se puede establecer una buena comunicación familiar.

Ejercicio y videojuegosLa obesidad  y los video juegos

En la década pasada, cuando los videojuegos no existían, y la mujer todavía no se había incorporado en su totalidad al mercado de trabajo, los niños jugaban mucho más tiempo fuera. El ejercicio era algo que acompañaba de forma natural las actividades de los niños.

Pero hoy en día los niños pasan mucho tiempo en la casa, tanto por la atracción que representan los videojuegos, como por motivos de seguridad puesto que las jornadas laborales de los padres son muy largas y no es seguro que estén fuera. Por ello, el ejercicio es algo que hay que programar.

Para los niños es imprescindible tener al menos una hora de ejercicio al día, además de jugar todo lo posible en el exterior. Una forma de conseguirlo es evitar que tengan una televisión en su cuarto y limitar el tiempo que pueden pasar con videojuegos y aparatos electrónicos.

Cuando jueguen a estos juegos, elija aquellos que requieren que los niños se muevan para jugar. En estos juegos el jugador usa los movimientos corporales para controlar lo que está pasando en la pantalla. Pero tampoco tiene que gastarse una fortuna en la última generación de video juegos. Simplemente ponga música con mucho ritmo para que bailen, o bailen todos juntos.

La clave del éxito

Más allá de video juegos y actividades familiares, la verdadera clave del éxito está en encontrar una actividad física que a su hijo verdaderamente le guste y hacer que participe en ella al máximo.

Quizás a su hijo lo que le gusten sean esos paseos familiares por las tardes, pero también es posible que le apasione formar parte de un equipo de futbol infantil, o más aún, en un equipo en el que jueguen papás e hijos. O puede que a su niña lo que le interese sean unas clases de baile moderno, salsa o incluso ballet.

Pruebe todas las actividades por las que su hijo muestre una inclinación y participen lo más que pueda en ellas. Vayan juntos a comprar el equipo necesario y acompáñele a las demostraciones y partidos que pueda. Nada como tener a papá o mamá mirando para mostrarle de lo que es capaz.

Si su hijo está obeso, tenga en consideración los deportes en los que le puede ser difícil moverse por el momento. Quizás correr le pueda resultar más complicado, pero nadar o montar en bicicleta le resulte más fácil para transportar su peso.

Ante todo, no fuerce a su hijo a hacer deportes, porque esta táctica sólo conseguirá que los odien más. Intente buscar formas naturales de hacer ejercicio con ellos (caminar, nadar) para que poco a poco vayan aceptando la actividad física.

Peor recuerde que estas estrategias requieren una participación activa por su parte para ser efectivas. Si durante la semana no le es posible, al menos intente hacer de los fines de semana un momento para practicar el ejercicio juntos.

Somos lamentablemente el grupo en Estados Unidos con las tasas más altas de obesidad en adultos y niños y tenemos que hacer algo respecto, Ese algo podría resumirse en las siguientes normas que se recomienda que sigan los padres que tratan de combatir la obesidad infantil en sus hogares:

1) Introducir más frutas y verdurasEjercicios y Alimentacion Balanceada

El consumo de frutas y verduras es fundamental para combatir la obesidad infantil. Los padres pueden incorporar frutas a la dieta de los niños reemplazando los dulces y las grasas a la hora de comer un bocadillo. Para aumentar el consumo de verduras se sugiere que los padres preparen y condimenten las verduras que más les gustan a sus niños y que los ayuden a reducir el consumo de grasas y comidas altas en calorías. Lo importante es aumentar las probabilidades de que los niños consuman frutas y verduras y bocadillos saludables, porque sabemos que no tienen muchas oportunidades de hacerlo durante el día.

2) Pasar menos tiempo enfrente de una pantalla

La obesidad difícilmente se combate con éxito sin cambiar hábitos sedentarios como ver demasiada televisión, jugar videojuegos o pasar horas frente a la computadora. Todos esos son momentos sedentarios que contribuyen al desarrollo de la obesidad. Lo ideal, es limitar a dos horas al día el tiempo que los niños pasan frente a una pantalla. De esa forma los niños tendrán más tiempo disponible para seguir el próximo consejo: poner sus cuerpos en movimiento.

3) Aumentar la actividad física

Si el ejercicio pudiera comprimirse en una pastilla sería una droga milagrosa que reduciría el riesgo de diabetes, enfermedades del corazón y ciertos tipos de cáncer. Por lo tanto, se recomienda que los niños hagan por lo menos una hora diaria de actividad física. No se trata de que se entrenen para un deporte en específico o que el ejercicio sea riguroso todos los días. Se trata de que los niños jueguen en los espacios abiertos, que pasen menos tiempo encerrados en casa, que salgan a caminar y que tengan un estilo de vida que no sea sedentario.

4) Eliminar el consumo de bebidas azucaradas

En los últimos años se ha dado una explosión en el consumo de bebidas azucaradas como sodas, jugos y bebidas energéticas e incluso muchas veces las familias desconocen cuánta azúcar contienen estas bebidas.  Las sodas tienen muchas calorías que no tienen ningún componente nutricional y que no contribuyen a una dieta saludable. Por eso la recomendación es que se eviten al máximo. Lo ideal es que los padres fomenten el consumo de agua en el hogar para así inculcar a los niños hábitos saludables.

5) Dar el ejemplo a los hijos

Los buenos hábitos de salud son posibles si los padres les dan suficiente importancia en el hogar, No se trata de que el padre le diga al hijo que tenga hábitos saludables pero él mismo no los tiene. Los CDC ofrecen consejos a padres de familia para equilibrar el ejercicio con la buena alimentación. Toda la familia tiene que tener hábitos saludables, salir a caminar juntos, tratar de reducir el número de horas de televisión y tratar de evitar el consumo de bebidas azucaradas.

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